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miércoles, 28 de noviembre de 2012

Más, más fragmentos



Pues eso, que hay que ser auténtico. Yo trato de serlo; y tú, también. Lo demás, son pequeñas cosas malas y buenas que conforman a la persona.
Y no pasa nada.

&


Y tomé la decisión que pudo ser la más dura de toda mi vida. No hablo de la ruptura con M., no hablo de tal vez aquel aciago día en el que mi abuela presenció ese acto de brutalidad de mamá en una fuerte discusión— monólogo —conmigo. Hablo de tomar una medida y de rebajar esa sensación de ahogo que tanto atenazaba mi cabeza y mi hueco vacío tan familiar y con el que tanto había convivido toda la vida. De repente, podía estar triste o contenta; podía llorar o reír; tal vez seguía deprimiéndome mientras los últimos rayos de luz del día se colaban entre las ramas de los árboles... pero podía regodearme un poco más en las pequeñas actividades, en las diminutas cosas, los grandes pasos para una persona y pequeños para los demás. Podía sentir lo que era bello y disfrutarlo mejor.

(Más fragmentos que podrían ser relatos)
De P., para C.  Con cariño.

martes, 13 de noviembre de 2012

Por la mañana

Vale, ya estás despierto.

¿Y ahora qué?

Por favor... para un segundo. No te pongas a correr.

Respira; regálate una pausa.
Sí, sí, ya sé que cinco, seis o siete horas de sueño pueden serlo.
Pero no son TU pausa; la pausa consciente.


Ya estamos en marcha. Bien.
¿Puedes poner música? Si no puedes, tararea la tuya, la interior; si puedes, pon algo suave.
Dirígete a la cocina o al café que más cerca tengas, pero que te guste, que no te acelere (aún) el pulso.

Tómate ese café que te apetece tanto, con nata o chocolate;
 solo o con leche; con espuma y caliente; o humeante.
¿Tal vez un té? Verde con menta, negro con chocolate, de cítricos o con canela.


¿Te has puesto un jersey cálido, que no pique y cuyo color te haga sentir mejor?
Hazlo.

Y tus botas, esas que cuidas tanto porque sabes
que no podrás comprarte otras hasta dentro de un tiempo.

Si puedes, ponte (ahora que es otoño y empieza a hacer frío) un gorro que te vuelva loco.

Como podrás leer, no te estoy pidiendo que sonrías con todos tus músculos, porque sé que no puedes. No es la hora, no es el día o no es la época.

Pero respira profundamente. Primero, coge todo el aire que puedas desde el diafragma; luego, expulsa todo el que haya. Es así:

1.- Pon la palma de tu mano encima de tu vientre, debajo justo de las costillas.
2.- Coge todo el aire que puedas mientras sientes que tu vientre se va hinchando de aire, poco a poco. Hazlo, hasta el final.
3.- Retén unos segundos.
3.- Suelta el aire progresivamente, con la mano en tu vientre. Nota cómo se va vaciando el mismo, poco a poco, hasta que no quede ni una sola gota de ese aire dentro.

Relaja el cuerpo. Y ahora, sal. Haz lo que puedas ahí fuera, sin reprocharte ningún error o acción cometida hasta el día anterior.

Felicidades, has hecho algo por y para ti.
Hazlo cada día de tu vida.

Cuentos para regalar a personas originales. Enrique Mariscal.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Una libreta en París

Tengo muchos cuadernos, muchísimos. Me encanta ver las portadas, que mis ojos brillen y convertirme en una niña mientras mi mano, antes incluso de que el resto de mi cuerpo y yo misma seamos conscientes, pase acariciando el lomo, la portada, el relieve... tal vez el tipo de papel.

Me vuelven locas las libretas* de papel rayado. Rayas grises, finas, pero anchas, donde uno pueda escribir como realmente quiera, sin la presión de que ahí no pueden caber ideas, bien sean grandes, idiotas, inteligentes, audaces o, simplemente, espontáneas.

Lo malo de coleccionar cuadernos es que los adquieres a velocidad de vértigo y, cuando te estás dando cuenta, tu mano ya está esgrimiendo una tarjeta o un billete para pagarla en aquella tienda bonita por la que pasaste mil veces sin entrar, con los ojos pegados a ella mientras tu cuerpo ya estaba más lejos avanzando. A veces, de hecho, estuviste a punto de besar grácilmente a alguna farola por su culpa.

Ayer reencontré una pequeña, probablemente la más pequeña que tengo. Es de tapas duras, recicladas, con lunares estampados de un tono brillante, como de papel de fiesta de cumpleaños, alguno que otro de ese tono rosa que para mí, la niña de los tonos neutros y cálidos, solo tiene cabida en dichos festejos.

Es la libreta perfecta: anillas superiores, no en un costado; papel sensacional al tacto; las rayas perfectas, de las que os hablé; y está llena de anotaciones, locas, completamente inconexas, en diferentes páginas.

He sonreído leyendo un texto descerebrado que escribí a la carrera un sábado de abril, en París, tal vez en alguna de esas cafeterías que tanto me gustan, donde puedo desayunar y comer al mismo tiempo.

Volver a Casa Lola y con la tripa —y los corazones— llenos,  dirigirse febrilmente a rebuscar en Kiliwatch o Free'P'Star, paseándome si puede haber algún rayo de sol por Le Marais.

Y aún hay quien me pregunta por qué es la ciudad que me conquistó ya hace más de diez años.


Samedi à Paris. Avril 2012. Patricia Lluberas.

*Mi vena lingüística tenía que salir al paso: quise hablar de la diferencia entre libreta y cuaderno. Pues bien, según la RAE, una libreta es un libro o cuaderno pequeño donde realizar anotaciones. De manera inconsciente, mi mente ya parecía conocer la diferencia.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Vuelves a la vida

Es muy fácil volver a escribir, cocinar, regalar, bailar, reír; tan fácil como recibir una pequeña palabra de aliento, una sonrisa auténtica —bueno, parece ser que últimamente esto no es tan fácil, veo demasiadas caras que parecen fachadas en lugar de paisajes—, una sensación de calidez en forma de abrazo o de risa contagiosa.

Algo que te hace clic... y vuelves. VUELVES.

¿Os parece una locura dejar el trabajo que odiáis, distanciaros de aquellos que os hacen daño o comprar algo que siempre quisiste y que te prohibiste? ¿Y desayunar aquel sándwich (¡y decir «emparedado» al pedirlo!) de atún con huevo y mayonesa que te parece una locura?

Lárgate donde el mar es azul, con gamas que van del azul profundo al turquesa, y donde pensaste que caerías en la nostalgia y el tedio, donde creías que sí te importaría sentarte a ver pasar a las personas, mientras tú tejías en la cabeza ideas cada día más locas de lo que realmente necesitabas de lo que era tu propia vida.

Sí, la verdad es que creo que... estábamos equivocados; y nos engañaron. A todos. La vida era algo más que todo lo que nos contaron que debíamos hacer, todos los pasos que había que seguir religiosamente. La vida era pegar saltos, probar, caer, tropezar, llorar lágrimas amargas, agridulces y después dulces. La vida era eso, eras tú, como tú quisieras, con quien quisieras, donde quisieras.

Y lo sigue siendo, porque vives.

jueves, 2 de febrero de 2012

Con esfuerzo y constancia todo puede lograrse

Rather than the mystical powers the name (and my silly photo) suggests, this is simply charm, persistence, boldness and, most importantly, a refusal to give up, which leads to great things being achieved that the average person won’t, since they simply don’t try hard enough.
It’s “distorting” reality, very simply because one “reality” is what people think about you failing, and another is what you think and do, to make sure you succeed. You have to ignore the naysayers, even if some of what they say may be true (i.e. a “reality”), but actually totally irrelevant to you and your situation (e.g. maybe some unhelpful studies show that kids are better learners, but others show that adults are), and focus only on what will bring you in the right direction.
I don’t actually think Steve Jobs was unique in having one. It’s something that could be argued (depending on how you define it) that everyone applies in one way or another. The difference is that some people have configured their RDF to work for them (or to help other people), while the majority of us have ours set to self-sabotage mode. Those who have achieved great things despite setbacks have had a way of living and a mentality that made these things much more likely.
In my mind a RDF is synonymous with a lifestyle and mentality that hacks luck, filters for success, ignores any “signs” from the universe that you should stop, is filled with passion, and helps you to surround yourself with people who will help you achieve that goal.
This is not about the law of attraction; a cheesily marketed and questionably explained technique to “think” yourself to greatness. The point is that a positive mentality combined with a LOT of hard work is what’s really required here. No bogus explanations about quantum psychic energy are required to understand why the following suggestions, with video illustrations, simply work:
Taken from Benny Lewis' blog, which I highly recommend.
/ Extracto del blog de Benny Lewis, que os recomiendo encarecidamente.

Y como ya sabéis, «en casa del herrero, cuchillo de palo», así que la traducción del extracto vendrá cuando tenga tiempo.

martes, 24 de enero de 2012

Lartigue y la felicidad del presente

El año pasado, en el CaixaForum de Madrid, tuve la oportunidad de disfrutar de una exposición del fotógrafo Henri Lartigue.

Hoy he vuelto a recordarla al leer el artículo  «Posar o no posar, esa es la cuestión» de El País, en el que entre otros se menciona a este fotógrafo.

Jacques-Henri Lartigue (1894 – 1986) vivía en el seno de una familia burguesa, poseía relativa facilidad para adquirir nuevo material fotográfico, su padre era un gran aficionado a la fotografía y además estaba suscrito a muchas revistas de la época. Desarrolla un interés general por el arte: se ganaba la vida como pintor y hasta los 69 años no descubrió que su afición por la fotografía también podía ser valiosa.

Y es que la obra de Lartigue plasmaba la importancia del presente. El fotógrafo supo comprender «la fragilidad del instante». Sabía plasmar a las personas y especialmente a las mujeres, que siempre intentó fotografiar en diversas situaciones y ocasiones.




Su posibilidad de disfrutar de la vida con comodidad le hace hablar de días felices, tal como se refleja en sus fotografías. Henri disfruta del mar, de su familia, de la velocidad y de los coches de carreras, que también inmortaliza, especialmente durante su juventud.


En efecto, a Lartigue le gusta plasmar lo cotidiano. A lo largo de su vida retrata a las mujeres que pasan por su vida; sus juegos y diversiones de infancia y juventud con su familia; sus paseos y viajes.



Con todo, Henri Lartigue nos deja un legado fotográfico que transmite precisamente lo que él pretendía: la vida es corta, breve, y debemos vivir el presente disfrutando de cada pequeño detalle diario.





 

jueves, 12 de enero de 2012

Traductora e intérprete de mi vida

Poco a poco, trataré de contar quién soy en este blog, uno de los cientos que he podido abrir desde aquel 21 de abril de 2001. Tenía dieciséis años cuando tropecé con esa herramienta poderosa y peligrosa llamada Internet, que por entonces para mí tenía más de juguete que de herramienta.

No sé en qué momento quise ser traductora. O tal vez sí.

Creo que fue un día en el que mi profesora de inglés, en el colegio, leyó una redacción y me hizo unas preguntas sobre el por qué de algunas palabras. Yo le respondí que me frustraba no tener más contexto, que me encantaba el juego de poder combinar palabras y buscar adaptaciones en otro idioma. Ella levantó la mirada y me dijo: «¿Sabes que ahora está empezando a estudiarse una carrera de Traducción e Interpretación?»

Y creo que fue la primera y única persona en mucho tiempo que hizo algo verdaderamente bueno y beneficioso para mí. Gracias, Juliet. No sé dónde estás, pero gracias.

Desde entonces no recuerdo haber tenido dudas. Es más, años después, cuando cursaba ya la carrera, un día me encontré con unos excompañeros de colegio y me dijeron: «Recuerdo que te gustaba la traducción. Al final, ¿te animaste?»

Sí, me animé. Pero por entonces no sabía la vorágine de problemas y de circunstancias personales que se avecinaban, ni que acabaría descolgada de mi propios sueños durante cinco años, casi seis.

Hoy estoy empezando una nueva vida y si miro mi día a día no podría decir que todo ha cambiado repentinamente, ni que yo soy otra persona, ni que visto diferente, ni tampoco que mi risa brota de otra manera. Simplemente, paso a paso, he sembrado una pequeña planta que va creciendo y persiguiendo la luz del sol. Quiero pensar en que riego porque no quisiera decir que construyo. Esto suena a construír un edificio, algo sólido, es verdad, pero también algo más fijo e inamovible... y yo siempre creí en que lo mejor era ser un junco: flexible pero firme a la vez.

Veo a generaciones similares a la mía que comparten mi profesión y que en estos años que mi vida estuvo congelada avanzaron a pasos agigantados. No sé aún qué camino puedo tomar porque tengo miedo de volver a caer una vez más y no sé por dónde debo empezar del todo.

Os paso mi currículum, por si creyérais que puede encajar en alguna parte:

Traductora y correctora. Viajera e intento de fotógrafa que no puede vivir sin música. La vida no se para, y yo tampoco.

Experiencia: clic fotográfico, terapias de risa, búsquedas febriles de palabras, gestión y coordinación de ilusiones nocturnas plasmadas en textos, intercambio de conversaciones de otros continentes.

Habilidades: caer y aprender hasta el final. También desaprendo lo necesario. Gestionar las embestidas de la vida. Aprovechar las circunstancias. Teclear hasta el cansancio (ya sea para escribir, traducir o corregir).

Formación: la vida. Y lo que me queda.

Especialización: traducción de risas, interpretación de emociones ajenas y propias, comprensión oral de preocupaciones.

Bueno, cuenta la leyenda que estudié la licenciatura (cuando aún lo era, y no grado) de Traducción e Interpretación con lenguas B inglés y C francés, que tengo un máster en Traducción médica por la UJI y que he trabajado durante tres años como Project Manager y otros tres de traductora técnica en una empresa de automoción (no tengo muy claro dónde meter el programa SAP, en especialización ¿técnica?). Además, he hecho algunos trabajos como autónoma durante un tiempo sin conseguir asentarme o tener suficientes como para dedicarme a tiempo completo. Finalmente, descubrí el maravilloso mundo de la corrección, hice un curso de corrección profesional y me he dado cuenta de que, además de traductora, siempre fui una maravillosa «talibana» ortotipográfica.


Bueno, eso dicen...